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Uno de los principales ladrones de tiempo en la actividad
directiva suelen ser las
reuniones mal planteadas.
En general, una reunión eficaz no es aquélla en la que el
directivo reúne a sus
empleados única y exclusivamente para transmitirles información.
Quizás a eso,
deberíamos llamarle exposición o incluso “discurso”.
Una reunión eficaz va más allá.
Una posible definición sería “el encuentro de varias
personas predispuestas a
colaborar en el logro de uno o varios objetivos.”
Por lo tanto, la reunión implica
interacción, colaboración, participación y objetivos bien
definidos. ¿Por qué algunas
reuniones son ineficaces?
Son muchas las causas de la falta de eficacia de las
reuniones, sin embargo,
podríamos destacar las siguientes:
l
La falta de un objetivo concreto y claramente
definido a lograr.
l
La dispersión, los cambios de tema o el salirse
del mismo
l
La ausencia de un orden del día.
l
El no tener interés el asunto a tratar.
l
La susceptibilidad entre los asistentes. La
falta de confianza.
l
La falta de participación de los asistentes.
l
La falta de habilidad de quien dirige la reunión.
Ausencia de liderazgo.
l
El que existan participantes que hablen
demasiado “protagonistas” y no
dejen hablar a los demás.
l
El convocar la reunión a una hora inapropiada.
l
Las reuniones demasiado largas.
l
El que haya demasiados participantes o estén
mal elegidos.
l
El exceso de enfrentamientos con tensiones
personales.
l
Las interrupciones externas constantes al
responsable o a los miembros.
l
Cuando no se comprende o no se conoce
suficientemente el tema a tratar.
l
La falta de acuerdos y conclusiones al final de
la reunión. Se habla mucho
y no se concreta al final “qué” hay que hacer, “quién”
lo tiene que hacer y
para “cuándo” hay que hacerlo.
l
La toma de decisiones confusas o
contradictorias.
Todos estos errores podemos automáticamente
convertirlos en ideas. Por ejemplo,
debemos de definir claramente el o los objetivos de la reunión.
Si no tenemos un
objetivo bien definido ¿Para qué vamos a reunirnos?
Defina con
exactitud objetivos de una sola línea de texto.
Estructure un
“Orden del día”. No es suficiente con que el directivo
conozca los
objetivos de la reunión. También será necesario que todos
los participantes sepan
de qué se va a hablar.
Indique con
precisión el día, hora, lugar y duración prevista de la
reunión. No hay
peor cosa que conocer la hora de inicio y desconocer la de
finalización.
Procure que
los temas a tratar tengan cierto interés para los
participantes. En caso
contrario estaremos introduciendo un nuevo ladrón de tiempo
para todos.
Intente
centrar la reunión en los temas específicos para los que se
han reunido. Es
fácil caer en la trampa de la dispersión de temas y al
final, acabarán hablado de
cualquier cosa menos de lo que estaba previsto.
Su
responsabilidad es controlar, dirigir y centrar continuamente
la reunión. Emplee
el tacto y la educación para conseguirlo.
Los asistentes
deben, al finalizar la reunión, tener la impresión de que la
misma ha
sido productiva y que ha servido para algo.
Debemos
intentar que todos los participantes participen por igual.
Fomente
continuamente la participación. Seguro que todos tienen algo
interesante que
decir. Evite que algún participante monopolice la reunión.
Agradezca su
participación pero dé paso a los demás.
Elija y
“pacte” la hora más apropiada para celebrar la reunión.
Los participantes
deben de estar centrados en la reunión y no en la hora del
almuerzo o la hora de
marcharse a casa.
No realice
reuniones demasiado largas. Lo único que conseguirá es
agotar a los
participantes y que no deseen asistir a ninguna reunión suya.
Un tiempo prudencial
suele ser una hora u hora y media.
En algunos
casos se realizan reuniones maratónicas cuyo único objetivo
ganar
por agotamiento y que se adopten decisiones poco maduradas.
Sea puntual,
tanto en la hora de inicio como en la de finalización. Los
asistentes
se lo agradecerán. Demuestre que sabe controlar el tiempo.
No pretenda
que todas las iniciativas surjan en la reunión. Tal vez su único
objetivo
es preparar el terreno para que en una segunda reunión se
realicen las aportaciones,
sugerencias e ideas.
Para algunos
puede ser difícil dirigir una reunión con 20 personas.
Divide y vencerás:
trabaje con grupos reducidos en la medida de lo posible, entre
6 y 10 personas.
Intente que
sus colaboradores vengan preparados. Por eso es importante
elaborar
un “orden del día”. También debe de ser cuidadoso en la
preparación de la
documentación, materiales y recursos que emplearán durante
la misma.
Y al final de
la reunión, no se olvide de definir claramente el QUÉ, QUIÉN,
CUÁNDO y CÓMO de todos y cada uno de los temas tratados.
Cualquier
punto del orden del día debería seguir este esquema:
INTRODUCCIÓN, DESARROLLO y CONCLUSIÓN.
Muchos se
entretienen demasiado en el desarrollo y no acaban de
“cerrar” o
concluir. En definitiva se trata de que los acuerdos adoptados
queden claramente
reflejados y todos los participantes conozcan con exactitud qué
se va a hacer.
Levantar acta
de la reunión, puede ser una buena idea.
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