EL PROBLEMA DE LA MOROSIDAD EMPRESARIAL
Uno
de los grandes problemas endémicos a los que se enfrentan las
empresas es la dificultad permanente de lograr cobrar de forma
adecuada de sus clientes y conseguir un flujo de cobros que
les permita funcionar sin tensiones de liquidez ni sufrir pérdidas
por la morosidad o insolvencia de sus deudores.
Cómo
solucionar los impagados
En
primer lugar no hay que olvidar que muchas veces el proveedor
también tiene la culpa de los retrasos en cobrar; ya que
dejando aparte los problemas de solvencia, liquidez y
administración que puedan tener los clientes y que los
convierten en morosos, no hay que olvidar que uno de los
factores que provocan la mayor parte de los retrasos en el
pago comerciales es la falta de calidad en la gestión
empresarial del propio proveedor.
Según
un estudio europeo reciente entre el 20 y el 70% de los
problemas de cobro de las empresas son debidos a bloqueos en
el abono de las facturas ordenados por clientes descontentos que retienen el pago como consecuencia
a los fallos que ha tenido el
proveedor en la calidad,
en el servicio o en la gestión.
Esta
gran masa de saldos de clientes pendientes de cobro viene
originada por errores que el proveedor comete en la recogida
del pedido, en el suministro de la mercancía, la logística,
la administración de ventas, la facturación,
la falta de un abono etc.
Muchos
de estos litigios comerciales no son solucionados enseguida
por la propia empresa ni se gestiona adecuadamente el
incidente y por este motivo no se cobra nunca la factura.
No
proporcionar excusas a los malos pagadores
Tampoco
hay que olvidar que las deficiencias de calidad o servicio o
cualquier error en la facturación favorecen al deudor moroso
habitual, que utiliza cualquier defecto o equivocación por
insignificantes que sean, como pretexto para demorar el pago o
no efectuarlo nunca. De esta forma cualquier pequeño
fallo sirve de excusa a los malos pagadores para no cumplir
con sus obligaciones ya que alegan que no pagan porque existe
una incidencia que debe solucionar el acreedor. Se da entonces
la triste circunstancia que los proveedores están facilitando
gratuitamente a los deudores los argumentos para no pagar.
Los
morosos intencionales
Otra
gran causa de los impagados es la intencionalidad del deudor,
es decir la falta de voluntad del cliente de pagar
puntualmente sus facturas. En un informe reciente elaborado
por la Comisión Europea y publicado en el Diario Oficial de
las Comunidades Europeas y como resultado de una amplia
encuesta realizada entre empresas en Europa, se citó como una
de las causas principales de todos los pagos morosos en las
ventas a la intencionalidad del deudor. En estos casos el
cliente retiene el pago de las facturas como medio para
conseguir una financiación externa gratuita. El cliente acaba
pagando la factura pero lo hace con mucha posterioridad al
vencimiento acordado en la operación de compraventa.
El
estudio reveló que los pagos morosos intencionales en Europa
suponen en promedio un 35% de los casos. Ciertamente existen
grandes variaciones según los países, puesto que en algunos
Estados de la UE la tasa de pagos morosos intencionales se
eleva a casi el 50%.
Muchas
veces el acreedor no sabe gestionar los cobros
Y
la que seguramente es otra gran causa de los cobros demorados
se encuentra en el seno la propia empresa acreedora. Esta
causa consiste en la inexistencia de una gestión de riesgos
apropiada por parte de la empresa acreedora así como la falta
de medios y de personal especializado en la gestión de créditos
y cobros. Por lo tanto uno de los motivos por los cuales las
empresas no cobran a tiempo de sus clientes es
que no existen dentro de la propia empresa unos
procedimientos adecuados para el control, seguimiento y cobro
de los saldos de clientes.
Partiendo
del principio de que los clientes nunca tienen prisa en pagar
y que estadísticamente más de la mitad de las facturas son
pagadas con retraso, es tarea del proveedor perseguir el cobro
e insistir ante el cliente para que haga el pago dentro del
plazo acordado.
Por
desgracia no existe un código ético de comportamiento de
pagos entre las empresas, y los deudores intencionales sólo
pagan dentro de los plazos convenidos a aquellos acreedores
que están reclamando el cobro de forma activa y sistemática.
En cambio los acreedores que se muestran pasivos suelen
recibir el pago con un importante retraso.
Una
buena gestión pro-activa de cobros asegura que los saldos de
clientes son ingresados a tiempo en tesorería y evita que los
clientes impuntuales, informales o que quieren jugar a ganar
intereses financieros a costa de los proveedores abonen
puntualmente sus facturas.
Los
enemigos del cobro dentro de las empresas
Los
principales enemigos del cobro residen muchas veces en las
propias empresas acreedoras y son:
1)
La desorganización
2)
La falta de un sistema pro-activo de cobro
3)
La implicación emocional del acreedor
4)
La falta de personal especializado
5)
La falta de medios adecuados y programas informáticos
de gestión.
6) El paso del tiempo
La
desorganización
La
desorganización permite a los malos pagadores demorar el
cumplimiento de sus obligaciones indefinidamente, puesto que
si la empresa no tiene procedimientos para la reclamación de
impagados y de saldos vencidos los clientes no pagarán nunca
puntualmente y se beneficiarán de un plazo de crédito extra
totalmente gratuito. No hay que olvidar que muchos clientes
tienen como política de empresa sólo pagar a los acreedores
que reclaman (incluso insistentemente) sus facturas
pendientes.
La
falta de un sistema pro-activo de cobro
A
muchas empresas les cuesta reclamar los pagos a sus deudores,
ya que por motivos culturales piensan que no es apropiado
insistir en cobrar puntualmente y existe un cierto pudor en
exigir el cumplimiento de las obligaciones a los clientes.
Asimismo
las empresas que actúen sólo de forma reactiva, es decir las
que se limitan a gestionar los impagados cuando se encuentran
encima de la mesa del director financiero, tendrán un
problema crónico de morosidad. En cambio las empresas que
hayan implantado sistemas pro-activos serán capaces de
anticiparse y reaccionar ante los incumplimientos y demoras de
los clientes.
La
implicación emocional del acreedor
Las
reacciones emocionales y viscerales son poco efectivas a la
hora de negociar con morosos, puesto que está demostrado que
para recuperar un crédito es mejor la gestión profesional y
fría. En el caso de incumplimientos de pago, los propietarios
y el personal de la empresa acreedora, suelen tomarse el
asunto muy a pecho, como una cuestión personal, lo que es muy
lógico ya que el moroso está jugando con el dinero de la
empresa y muchas veces poniendo en peligro la seguridad
financiera de la misma. Desdichadamente la emotividad provoca
discusiones y enfrentamientos con los morosos que suelen
acabar con la ruptura definitiva de las negociaciones, lo que
no suele dar buenos resultados desde el punto de vista práctico
de la eficacia en el recobro.
La falta de personal especializado
Las
empresas no acostumbran a tener personal experto en la gestión
de cobros, normalmente los empleados a los que se asigna la
ingrata tarea de perseguir a los malos pagadores no suelen ser
voluntarios entusiastas de la misión encomendada ni
especialistas en la gestión de impagados. Por lo general la
dirección de las empresas suele añadir las tareas de recobro
al trabajo habitual que realizan sus empleados,
por lo que éstos sólo podrán dedicarse unas pocas
horas a la semana a la reclamación de impagados. Además de
no andar sobrados de tiempo, en la mayoría de los casos estas
personas carecen de la formación teórica y práctica para
encargarse de las funciones de recobro y negociación con morosos. Por lo
tanto en la mayoría de las empresas se dedica muy poca atención
a la recuperación de los impagados.
La
falta de medios adecuados y programas informáticos de gestión
Pocas
empresas disponen de unas buenas herramientas informáticas de
gestión de cobros, asimismo las que disponen de un buen
sistema informático de origen extranjero se encuentran con
que el sistema de cobro no está preparado para las
necesidades específicas de su mercado. Un programa de gestión
de cobros ha de estar adaptado a las circunstancias y
particularidades de cómo funciona el cobro en cada país,
en cada región.
El
paso del tiempo es el peor enemigo
A
pesar de lo que dicen dos conocidos proverbios “el tiempo lo
arregla todo” y “el tiempo pone en su lugar muchas cosas”, hay que tener
en cuenta que el peor enemigo del cobro siempre es el tiempo.
A
medida que transcurre el tiempo el deudor considera que tiene
derechos adquiridos para no pagar y se siente ratificado en su
conducta de incumplimiento.
Si
el acreedor tarda muchos meses en reclamar el pago, el deudor
piensa que ha consolidado su posición y le contesta que si ha
esperado todo este tiempo bien puede esperar unos meses más
para cobrar.
Con
el paso del tiempo también se deteriora su situación económico-financiera
y tiene menos capacidad de pago.
Asimismo
el acreedor se va olvidando de la existencia de la deuda y
deja de gestionar el cobro, lo que en realidad no ha hecho
nunca de forma profesional
El
moroso juega al viejo refrán de “deuda vieja es deuda
muerta”, y a pesar de que un proverbio italiano dice que
“los acreedores tienen mejor memoria
que los deudores“, el moroso lo que en realidad
pretende es conseguir el olvido del acreedor. El deudor
moroso sabe por experiencia que si pasa el tiempo suficiente,
el acreedor le acabara dejando en paz.
Asimismo
si la causa del impagado es un litigio comercial o un crédito
discutido entre cliente y proveedor, al pasar demasiado
tiempo, el cliente –que ha bloqueado el pago para conseguir
una respuesta– se siente perjudicado por la falta de
soluciones del proveedor y se niega a pagar la deuda aunque
por fin –es demasiado tarde para arreglarlo–
se le satisfagan sus peticiones comerciales
LA
MEJOR FORMA DE ACTUAR ANTE LOS IMPAGADOS
Para
solucionar los impagados se han de tener en cuenta las
siguientes reglas
en las que están los puntos clave para conseguir la
recuperación de las deudas comerciales.
1)
La empresa debe adoptar una estrategia pro-activa para
la gestión de impagados y no
una estrategia meramente reactiva que solamente actúa cuando
el problema está encima
de la mesa
2)
Es preciso que la empresa tenga unas políticas de
recuperación bien definidas que
marquen claramente lo que hay que hacer en cada caso ante las
diferentes situaciones
de impago que se puedan plantear
3)
Es necesario que existan procedimientos claros y
sistematizados de recuperación de
impagados con “timings” de actuación y asignación a
personas como responsables de
la gestión
4)
Hay que unificar criterios, sistematizar y homogeneizar
el proceso de cobros
estableciendo procesos estándar de gestión
5)
Es imprescindible disponer de eficaces herramientas
informáticas de gestión de cobro
que puedan a la vez realizar un tratamiento sistemático de la
masa de deudores y hacer
un seguimiento pormenorizado de cada impagado, facilitando
informes claros y precisos
y conservando el histórico de las acciones realizadas
6)
Es conveniente segmentar la cartera de impagados basándose
en criterios objetivos que
permitan clasificar los impagados en varias categorías según
la tipología del cliente –no
actuar igual con un cliente antiguo que con uno nuevo–,
importe de la deuda, días de
retraso, nivel real de riesgo, número de impagados acumulados
7)
Hay que priorizar los objetivos de las acciones de
recobro seleccionando los impagados
en los que los resultados puedan ser más rentables.
8)
Es muy importante actuar enseguida en caso de impago,
la gestión no debe demorarse
ni un solo día, ya que el tiempo es el peor enemigo del cobro
y el mejor aliado del
moroso
9)
No olvidar nunca la norma de que ningún impagado se
soluciona por si sólo, hay que
descartar la práctica bastante habitual de dejar
reposar el crédito moroso en un cajón
esperando que se cobre espontáneamente.
10)
Hay que ser resolutivos con los impagados,
transmitiendo al deudor la
sensación de
que lo estamos marcando constantemente. Esto no implica
ser agresivos con los
deudores, es conveniente ser dinámicos y ágiles dando
la impresión de controlar la
situación pero nunca ser belicosos.
11)
El acreedor ha de ser siempre pragmático y debe buscar
un acuerdo negociado con el
deudor para el cobro del impagado, si no es posible
cobrar la deuda en un único pago,
buscar una alternativa válida, aunque sea fraccionando
la deuda en varios plazos.
12)
En muchos casos la documentación que dispone el
acreedor para reclamar el pago de
la transacción comercial se limita a una factura y a
un remito o albarán. Por lo tanto de
forma paralela a las gestiones de cobro, es conveniente
conseguir un reconocimiento
de la deuda con el objetivo de reforzar la calidad de
la documentación que acredita
los derechos del acreedor.
13)
La insistencia y la gestión personalizada son la mejor
solución para un impagado, la
visita al deudor y la negociación directa llegan a
cobrar el 85% de
las deudas
comerciales
14)
La gestión de impagados
debe ser lo más rápida posible, las estadísticas demuestran
que si se actúa antes de 6 meses desde el vencimiento
se puede recuperar el 90% de
los impagados
15)
Los litigios comerciales con los clientes que bloquean
el pago deben ser asimismo
rápidamente solventados dando una solución
satisfactoria al cliente. En este caso el
cliente acaba pagando cuando se le arregla el litigio o
discusión comercial
16)
Todo impagado representa un coste para el acreedor,
por consiguiente éste ha de
resarcirse haciendo pagar al moroso una indemnización
de daños y perjuicios. Por
este motivo y siguiendo los principios establecidos en
la legislación mercantil y en la
directiva comunitaria aprobada en Junio del 2000 por el
Parlamento Europeo se
deben cobrar intereses de demora al deudor moroso y si
es posible repercutir los
gastos de gestión y recobro.
17)
Las empresas deben tener un buen asesoramiento jurídico
y contar con un abogado
que sea buen conocedor de la empresa, al que hay que
consultar en cuanto se detecte
un problema de tipo jurídico.
¿Qué
hacer para recuperar los impagados?
Las
dos posibilidades: la reclamación amistosa o la judicial
Básicamente
existen dos vías para recobrar las deudas empresariales; la
gestión amistosa o también llamada extrajudicial y la
reclamación judicial acudiendo a los tribunales de justicia.
En este caso nos centraremos en la primera, es decir en la
gestión de cobro amistosa.
La
negociación amistosa; la gestión interna y la externa
La
gestión amistosa se puede llevar a cabo internamente, es
decir mediante un departamento o equipo de recobros que
trabaja en el seno de la propia empresa acreedora, o
externamente es decir subcontratando la gestión de cobros con
una empresa especializada.
Vamos
a ver las ventajas e inconvenientes de cada una de las
alternativas, empezando con la posibilidad del
“outsourcing” de las funciones de recobro.
La gestión externa de los impagados
Una
buena solución para las empresas que carecen de departamentos
propios de recobro puede ser
externalizar la gestión de cobro mediante la
contratación de auténticos especialistas en la negociación
amistosa con los deudores que puedan
gestionar el cobro y solucionar el problema.
Estos
especialistas son las empresas de servicios dedicadas a la
recuperación de deudas comerciales y financieras, es decir
las llamadas popularmente empresas de recobro de morosos.
Las
empresas serias de recobro actúan de una forma sistemática y
eficaz, disponen de personal especializado que puede dedicar
suficiente tiempo para gestionar el cobro. Por lo que actuando
dentro de la más estricta seriedad y corrección pueden ser
altamente resolutivas para conseguir el recobro. Las técnicas
utilizadas por estas empresas para conseguir recuperar las
deudas están basadas en la negociación directa con los deudores.
No
obstante el recurrir al “outsourcing” para recuperar los
impagados comerciales supone varios
inconvenientes para las empresas acreedoras. Un de ello
es el coste que suponen los servicios externos, que en muchos
casos puede representar un veinticinco por ciento -o incluso más-
de los importes recuperados. Además Muchos acreedores no
quieren incurrir en gastos para recuperar un dinero
que legítimamente les corresponde por lo que son
reticentes a acudir a servicios externos para solucionar el
problema.
Otro
de los inconvenientes es que muchas compañías prefieren
aplicar el viejo principio de “hay que lavar la ropa sucia
en casa”, y no quieren que personas ajenas a su negocio se
enteren de los problemas internos. También hay empresas que
son muy celosas de su confidencialidad y no quieren revelar
quienes son sus clientes, por muy mal pagadores que éstos
sean, ni dar a conocer
a terceros sus tarifas de precios o condiciones de pago.
La gestión dentro de la propia empresa
La
alternativa a externalizar el servicio de cobro de impagados
está en tener personal especializado y debidamente formado
que se encargue internamente de la gestión de créditos y
cobros a clientes.
El
disponer de empleados debidamente preparados
para la gestión de riesgos comerciales exige un
proceso formativo especializado que pocas escuelas pueden
ofrecer hoy en día en España y América Latina.
Otra
cuestión bien diferente es que las empresas deben cambiar su
cultura empresarial y ser conscientes que invertir en personal
especializado es una inversión muy rentable a medio plazo.
Desdichadamente
todavía no se valora suficientemente a los especialistas en
el recobro, y no se les da el reconocimiento profesional ni
personal que se merecen. El personal especializado en el
recobro por lo general y salvo honrosas excepciones, no recibe
las mismas atenciones y reconocimientos que los especialistas
de otras funciones empresariales.
Desde
el punto de vista cultural el dedicarse a reclamar dinero es
una actividad poco grata y el papel de gestor de cobros tiene
una imagen negativa en parte debida a la leyenda negra de la
gestión de cobros. Los empleados del departamento de riesgos
tienen todavía muchas dificultades para asumir estas
funciones, que se consideran ingratas y poco valorizadas.
La
falta de interés por las actividades relacionadas con la
gestión de cobros hacen que las funciones de recuperación de
impagados sean poco eficientes.
En
muchas ocasiones los directivos de las empresas al encontrarse
con problemas de
los impagados suelen encargar al personal del departamento de
administración de clientes las gestiones de recobro. Esta es
una mala solución puesto que
los empleados de esta área de empresa están
sobrecargados de trabajo y no disponen de tiempo para hacer
gestiones telefónicas o personales con los deudores. El
personal de administración-contabilidad de clientes no está
formados para este tipo de trabajo, y por lo general
manifiestan muy poco entusiasmo cuando se les endosa esta
función. Los empleados de administración tampoco tienen
ningunas ganas de enfrentarse con el departamento comercial
cuando el impagado tiene implicaciones con ventas.
En
otras empresas la dirección encarga a los vendedores la gestión
de cobro de los impagados, e incluso los penaliza disminuyendo
sus comisiones sobre ventas si no recuperan los importes
adeudados por los clientes. Aunque los vendedore tienen la
gran ventaja de ser los que mejor conocen a los clientes,
nunca serán la mejor solución para recuperar los impagados,
puesto que en ocasiones han forzado algo las ventas y no se
atreverán a exigir su pago. También es habitual que el
vendedor tenga una buena relación con el deudor y no quiera
deteriorarla reclamándole un pago, ya que muchos vendedore
saben que si cambian de empresa conservan un importante activo
intangible, que es su cartera de clientes. Asimismo si se
obliga a los vendedores a cobrar, esto irá siempre en
detrimento del tiempo que dedican a vender y la facturación
de la empresa se resentirá. Por último los vendedores
carecen de la formación jurídica y conocimientos necesarios
para cobrar deudas.
Como
tercera posibilidad hay empresas que envían sistemáticamente
todos los impagados a asesoría jurídica, de manera inmediata.
Esta solución es prematura, ya que la reclamación judicial
puede ser una buena solución para recuperar deudas, pero que
salvo ciertas excepciones, sólo se ha de utilizar una vez que
se hayan agotado todas las vías de reclamación amistosa con
el deudor. Antes de presentar una reclamación judicial es
necesario negociar con el moroso e intentar llegar a un
acuerdo razonable de pagos.
Por
lo tanto las empresas deben organizar su propio servicio de
recobros, -dentro o fuera del departamento de créditos
comerciales- creando un equipo de gestores de cobro
perfectamente formados y preparados para negociar la
recuperación de los impagados con los deudores de la empresa.
Este
equipo de gestores -o un solo gestor si la dimensión de la
empresa así lo aconseja- se deberá dedicar exclusivamente al
recobro de impagados y en lo posible hay que descargar a los
empleados de las tareas administrativas colaterales que pueden
interferir en sus gestiones. El equipo especializado debe
funcionar de forma constante e ininterrumpida, ya que sólo
una dedicación plena y el tener como único objetivo la
recuperación de los impagados puede aportar buenos
resultados.
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